Michael_49

Con una copa de vino en la mano y Michael sentado frente a mi, la vida parecía más sencilla. Así que pude ordenar mis pensamientos y contarle a Michael lo que había pasado mientras le preparaba la cena a Silvia. Michael buceó en google para tener su propia versión de los hechos y manifestó una sospecha clara: Ese tal Oriol no se había suicidado. Entre los dos elaboramos un pequeño cuestionario para ordenar la investigación y llamé a Simone. Me cogió el móvil desde Valencia: “Me he bajado para averiguar que le ha pasado al sobrino de Oriol”, me dijo nada más descolgar el teléfono: “Necesito que tú y Adela me ayudéis. Hemos quedado Oriol, Adela y yo en la cafetería del Centre Octubre mañana a las cinco de la tarde, después iremos al hotel inglés” añadió como si hablara desde el centro de la tierra. Su voz era de una gravedad incomparable. No tenía muchas fuerzas para seguir hablando así que no la forcé, pero esa convocatoria ya aclaraba alguna cosa: el chico de Almedijar no era Oriol pero tenía relación con él, era su sobrino. Yo también estaba agotada. Acosté a mi hija y acepté la invitación de Michael: “I go home for some thing to eat. I have some cheesecake perfect for this wine”. Su rostro dibujaba una expresión amable y acogedora así que acepté agradecida, le dejé las llaves de mi casa y me metí en la ducha.

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