Sentido_50

Michael tenía un sexto sentido para descubrir que había de delictivo detrás de unos hechos. Estaba claro que aquellos ojos azules ya estaban acostumbrados a escudriñar en los bajos fondos. Por eso, a pesar de que tenía muy poca información, desde el principio apuntó en la dirección correcta: la clave para averiguar que le había pasado a ese chico era su novia, la que estaba desaparecida. Simone había llegado a la misma conclusión: “Ella es la pieza que falta” afirmó en su brevísima introducción de lo ocurrido mientras ella, Adela y yo esperábamos a Oriol en la cafetería del Centre Octubre. Cuando Simone pronunció esas palabras yo sentí que me temblaba todo el cuerpo. Y acerté a adivinar que sería muy capaz de traer hasta nosotros a esa muchacha, pero resistí. No acababa de tener claro si quería dejarme ocupar de nuevo, preferí esperar la llegada de Oriol que venía a contarnos toda la historia. Mientras esperábamos a Oriol yo miraba a Adela tratando de adivinar sus emociones: ¿qué sentía esta mujer momentos antes de reencontrarse con Oriol? Como siempre Adela me leyó el pensamiento y me cogió de la mano casi sin tocarme: ” Celia, a veces creemos que hemos encontrado al hombre que hará grande el amor, pero la mayoría de veces es sólo una ilusión” Con la misma ternura que ella me cogía de la mano, yo me acerqué hasta su mejilla y la besé: “hay que tener ilusiones, no?” le susurré con tono de pregunta. Y en ese estado nos sorprendió Oriol que acababa de atravesar a grandes pasos el vestíbulo del Centre Octubre. Y no pude más que sonreír: tendría que compartir a Adela conmigo.

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